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Simetría

Por Miriam Ayesa Sagüés


Simetría

El principio es el final y el final es el principio. Todo está conectado.

Recuerdo con mucha nitidez aquellos días de marzo previos a que se declarase el estado de alarma. Lo que vino después lo relatarán los libros de historia con mayor precisión de la que yo soy capaz. Pero lo que estos no pueden transmitir son las historias particulares de cada uno, y aquí está parte de la mía.

Decía que recuerdo muy bien aquellos días. Había dejado un trabajo en el que me estaba ahogando y me había lanzado al vacío, siguiendo mi convicción de vivir en coherencia y que mis pensamientos, sentimientos, palabras y acciones apuntasen en la misma dirección. Para nada podía imaginar lo que se avecinaba…

Nadie estaba preparado para lo que sucedió y continúa sucediendo. Yo tampoco. Pero siempre he pensado que todo pasa por una razón, y que la vida tiene su propia inteligencia, mucho más amplia que la nuestra. Desde nuestra pequeña y limitada perspectiva es muy difícil comprender ciertas situaciones, por eso, tan solo queda aceptarlas.
Con aceptación no me refiero a resignación, sino a un reconocimiento pleno y radical de lo que es, tal como es. Soltar los juicios y proyecciones acerca de cómo deberían ser las cosas nos permite dejar de sufrirlas y pasar a disfrutarlas. Para mí, esta situación que estamos viviendo es el indicador inequívoco de una profunda crisis de consciencia. Y supone una oportunidad excelente para mirar en nuestro interior y transmutar, mediante un proceso alquímico, la sombra en luz. Pero eso es material para otra historia, continuemos con la de la pandemia.

Tengo un recuerdo muy vívido de asomarme por la ventana y observar, sobrecogida, la calle desierta. Muchas veces, perdía la noción del tiempo viendo la lluvia caer. Una lluvia que rompía el silencio con su dulce melodía; a veces era prosa y otras, poesía. Pocas veces en mi vida he experimentado una paz tan profunda.
Más adelante, cuando ya estaba permitido, salía a caminar de noche por el campus de la Universidad de Navarra, aprovechando que no había casi nadie. Me gustaba caminar con los brazos extendidos en forma de cruz, surcando el viento como en la famosa escena de Titanic (pero sin Leonardo DiCaprio), respirando y sintiéndome completamente libre.

Estas experiencias me sirvieron para constatar que la realidad es neutra. Una misma experiencia vivida por distintas personas puede tener muy diversas e, incluso, opuestas interpretaciones. Existe una única verdad, pero una miríada de realidades diferentes.

Por supuesto, también experimenté, y aún lo hago, mucho miedo, frustración, dolor, impotencia y tristeza.
Asimismo, empecé a desarrollar problemas de insomnio ante aquella situación de extrema incertidumbre. Como consecuencia, durante el día mi mente funcionaba con lentitud y, muchas veces, se veía asediada por retazos de vivencias de mi pasado. Sucesos que creía haber olvidado pero que revivía de forma involuntaria. Como canta Rozalén: “Todo lo que no se atiende, tarde o temprano reaparece”. Sin embargo, entre todos aquellos recuerdos, había uno que destacaba por su intensidad, vibración y luminosidad. Era como la luz guía de un faro en la oscuridad. El recuerdo de un amor que quedó a la espera de una respuesta. Tres puntos suspensivos que conectan pasado, presente y futuro.

Me encanta la etimología de la palabra “recordar”, significa “volver a pasar por el corazón”. Cuando recordamos, el tiempo se desvanece y todo pasa a suceder en un eterno presente. Y si algo nos debería enseñar esta situación es que el presente es lo único que nos pertenece y donde la vida se desenvuelve en su máximo esplendor.

A pesar de todo lo que estamos viviendo, sigo confiando en la magia de la vida y creo que todo es posible. Quizá, esa persona protagonista de mis recuerdos lea estas líneas, se reconozca y esboce una sonrisa. Y quizá, en un quiebro del destino, esa sonrisa llegue hasta mí de alguna manera. Quizá.

Así que, por si me estuviese leyendo, aprovecho y le dedico esta canción (que tantas veces he cantado y bailado en directo), que se adapta muy bien a este momento de la historia que estamos viviendo, y que forma parte de mi propia historia y mis recuerdos. https://youtu.be/_QZjqjIEdeI

El final es el principio y el principio es el final. Simetría.

Ficha del relato

Autor: Miriam Ayesa Sagüés

Edad: 37

Ocupación: Estudiante de máster

Localidad de residencia:

Publicado el 06 Ago 2021