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Rompiendo puertas

Por Idoia


Rompiendo puertas

Se suele decir que cuando se cierra una puerta siempre se abre una ventana. Esto se ha convertido en algo que conocemos muy bien. Se cerraron todas las puertas de la ciudad: las de las casas, las tiendas, los portales… y se abrían nuestras ventanas para saludarnos, aplaudir, o sentir pizcas de libertad.

Pero las ventanas también se abrieron de formas distintas. Nuevas oportunidades de vivir en familia, de compartir, de reír y de entender qué es lo realmente importante. Con dos hijas en Estados Unidos y uno en San Sebastián tuvimos que echar la llave a nuestra puerta. Dos de ellos volvieron a tiempo, una se quedó al otro lado del charco. Momentos duros y de caos sumados al ingreso en el hospital de dos familiares muy cercanos en situación crítica.

Había que hacer algo, así que nos pusimos a ello. El 4 de abril, como cada año y cada escalera sanferminera, nos juntamos con los amigos. Esta vez online, claro. Un mismo menú para todos, muchas fotos y gintonics, y una larga y multitudinaria videollamada. Videollamada a la que se terminaron sumando amigos de amigos desde Castellón hasta Argentina. Todos estos fueron los ingredientes de lo que vino después.

No queríamos esperar un mes para repetir lo poco que nos había hecho reír en esos días tan largos, así que empezamos a planear una cena semanal. Semana Santa estaba a la vuelta de la esquina, era el momento perfecto para empezar. Elegir un mismo menú y a prepararlo todo. Con \»todo\» no hablamos de la comida, sino también de los trajes y la decoración, claro. No íbamos a hacer una simple cena. Tenía que ser a lo grande.

Crucifijos, bolsas de basura simulando capirotes, vestido negro con peineta de cartón y procesión por el pasillo mientras tocábamos el tambor. Todo esto en vídeo, muy a pesar de mis hijos. Cada familia en cada casa con su propio vídeo, su propio disfraz, pero las mismas ganas de compartir la vida. De ahí nos fuimos a la Feria de Abril, con traje de flamenca, encendido de luces y un concierto de guitarra privado. Y mucho, mucho rebujito. También vivimos las Fallas de Valencia, desempolvando el vestido de novia para simular los trajes falleros, e incluso llegamos a cambiar de continente cenando empanadillas argentinas mientras nos cantaban una zamba. Daba igual el sitio, lo importante era tener una excusa para juntarnos.

Lo primero era decidir la temática, mandar el menú para hacer la compra y planificar los trajes a lo largo de la semana. Después tocaba preparar algo divertido para compartir en vídeos y fotos por el grupo. Y, por último, juntarnos para brindar. Ya era tradición, y no podía haber tradición sin nuestra tierra. Así que llegó la cena navarra. Sin salir de casa tuvimos espectáculo de aizkolaris, harrijasotzaile, acordeón y hasta la bajadica del Ángel.

Tal vez fueron las risas y poner buena cara a los malos momentos o tal vez fue la suerte, pero los dos familiares volvieron del hospital a casa. Sería un error decir que fueron tiempos maravillosos, pero no lo es decir que, cuando las ventanas se abren, hay que aprovecharlas. Pero no solo cuando las puertas se cierran, sino siempre.

Ficha del relato

Autor: Idoia

Edad: 52

Ocupación: Directora y gerente de mi casa (y familia)

Localidad de residencia:

Publicado el 02 Mar 2021