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¿Qué he aprendido?

Por Marialuz Vicondoa Álvarez


Durante la crisis provocada por el coronavirus, especialmente, en el confinamiento, he aprendido unas cuantas lecciones y me he sorprendido con otras. Lo siguiente es una lista inacabada de algunas de ellas:

Que Induráin no sólo es un ciclista navarro, sino que así también se llama la consejera de Salud que sale tan a menudo en la televisión. Y, lo que es peor, que va camino de hacerse tan famosa como el corredor.
Que Covid-19 acabará con el problema de las pensiones que tanto preocupaba hasta ahora. El Covid-19 está acabando con los pensionistas.
Que la transparencia informativa no tiene que ver con el número de comparecencias públicas de los políticos.
Que la cuarentena, no el confinamiento, es obligatorio para todos, excepto para los políticos.
Que el ERTE es el nuevo instrumento que han puesto de moda los políticos para los demás, pero no para ellos ni para los gobiernos ni para las instituciones políticas.
Que podemos ser mejores de lo que pensábamos: mejores padres, mejores jefes, mejores subordinados, mejores compañeros, mejore cónyuges, mejores personas… Pero también, peores de lo que podíamos imaginar.
Que la humildad es una cualidad que no debería ir reñida con el progreso técnico, personal, laboral… Que esta crisis supone una cura de humildad para el Hombre con mayúscula, porque la tecnología, ni nada, nos ha hecho invencibles.
Que el miedo es libre y, a veces, difícil de controlar.
Que podemos ser, al mismo tiempo, testigos y protagonistas de una situación única, de un momento tristemente histórico.
Que se puede vivir consumiendo menos, mucho menos.
Que cuando se quiere obtener dinero para una emergencia se puede. Millones de euros. Pero parece que el hambre en el mundo nunca se ha considerado una emergencia. Que cuando la enfermedad nos toca cerca buscamos debajo de las piedras la forma de combatirla, pero ¡ay! cuando ocurre lejos, cuando no me toca… Entonces es cosa de otros y no hay dinero en el mundo para combatirla. Si se sigue permitiendo el hambre y la pobreza es porque se quiere.
Que la palabra ‘pobreza’ escuece. Por eso se habla de vulnerables, cuando este término incluye pobres, pero también personas en riesgo que no tienen por qué tener problemas económicos. Que nadie nombra a los pobres ni los políticos plantean qué hacer con ellos.
Que da miedo llamar a las cosas por su nombre.
Que la dificultad une, pero también desune.
Que, aunque parezca lo contrario, las cifras son fácilmente manipulables y un instrumento útil para no decir la verdad. Que 100 muertos pueden tener menos valor que 10. Si en un pueblo de 100 habitantes mueren 50 el primer día, 25 fallecen el segundo y en el tercer día lo hacen 10, resulta que la famosa curva, la que gusta tanto a los políticos, habrá ido descendiendo, pero ya quedarán muy pocas personas vivas, aunque la curva haya bajado.
Que las profesiones sanitarias siempre estarán insuficientemente pagadas. Nunca se les podrá compensar lo que dan.
Que teñirse el pelo en casa es posible, barato y fácil.
Que de la noche a la mañana el periodista se convierte en “esencial” para el Gobierno, pero no para la empresa que aplica un ERTE a sus periodistas cuando el trabajo aumenta.
Que la paciencia de los trabajadores de los supermercados es infinita y que deberíamos aprender de ellos.
Que se puede hablar durante 10 minutos y 15 y 20… y no decir nada, como hemos visto en los políticos.
Que es fácil apropiarse de la terminología de una actividad ajena a la política, como es el montañismo. Ahora los profesionales y aficionados al monte o a la geografía tendrán que buscar nuevas palabras para meseta, curva, valle, escalar… porque están ya contaminadas.
Que es posible sacar pecho a pesar de tener más de 220 muertos sobre las espaldas.
Que en las democracias también hay control de la información
Que algo tan fácil y tan barato como aplaudir unos minutos puede reconfortar el ánimo.
Que sigue estando vigente aquello de “la verdad es la primera víctima de las guerras” o de las crisis.
Que la necesidad puede descubrir capacidades de las que no éramos consciente
Que hay ocasiones en las que es más sano retirarse a tiempo, llorar a solas, antes que decir lo que uno piensa.
Que no hay muralla imposible de saltar si el deseo es infinito.
Que nunca es tarde para aprender a jugar al mus.
Que hay expresiones que producen sarpullido: ‘hoy, más que nunca\’, ‘en una crisis siempre hay oportunidades’, ‘poner en valor‘, con la ayuda de todos saldremos’, ‘plan de desescalada\’..

Ficha del relato

Autor: Marialuz Vicondoa Álvarez

Edad:

Ocupación: Periodista

Localidad de residencia:

Publicado el 04 Mar 2021