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¡Quarentena sit leve!

Por José Quiñonez


Originario de tierras ultramarinas, llevo tres años en Pamplona. Jamás pensé que viviría una situación como esta, lejos de los seres queridos. El año del Covid, annus horribilis, me ha servido para valorar las relaciones humanas.
La enfermedad nos puso límites físicos: nos alejaba de familiares y amigos; tampoco nos permitía reunirnos para celebrar la fe, la vida; sin embargo, la creatividad del hombre pudo más y encontró medios para conectarnos. Las transmisiones por plataformas digitales, las reuniones virtuales fueron ventanas por las que pudimos actualizar el cariño y poder ponernos al día.

Estuve confinado por contacto con un positivo. Y a pesar de encontrarme encerrado en mi habitación, jamás me sentí solo. La visión sobrenatural en esta situación es necesaria, como también lo es la colaboración de los amigos.
Durante ese tiempo descubrí el talante que tienen mis compañeros. Procuraron siempre hacer agradable el encierro. Desde dejarte la comida caliente, procurar llevarte toallas y sábanas limpias, un mensajito de ¿cómo estás?, hasta conseguirte un libro para entretenerte, son gestos que manifiestan la grandeza del corazón humano: un corazón de fuego -en palabras del P. Lacordaire- para vivir la caridad. Cuanta razón tiene aquella máxima latina: amicus certus in re incerta cernitur, al amigo se le conoce en la situación adversa.

Solo queda agradecer a estos buenos amigos por su paciencia y cuidados, cuyas iniciales coloco, R.Q., J.A., C. J. y L.G. Ojalá y todos tengamos ese corazón de fuego.
¡Por los amigos, gracias!

Ficha del relato

Autor: José Quiñonez

Edad: 25

Ocupación: Estudiante

Localidad de residencia:

Publicado el 02 Mar 2021